Una sequía de nueve meses y un día

Corría el minuto 14 del primer tiempo en La Cartuja de aquel partido de un 11 de marzo de 2018, cuando Rober se apoderó de un balón en el centro del campo y lo envió a la espalda de la defensa adelantada del Bar Estudiantil. El punta del Rompeolas que por entonces lucía el 22 a la espalda ganó en velocidad a los cuatro zagueros locales y, ante la media salida del portero Casorrán, envió el esférico a la red. Fue el comienzo de una mañana feliz, no exenta de sobresaltos en forma de lesiones, una goleada (1-4) que sirvió para que un tal Eduardo Peinado se destapase por fin y para sumar un triunfo vital en la milagrosa salvación en el último instante. Fue también la última vez que Posadas pudo celebrar un gol propio en un partido oficial.  Hoy hace nueve meses y un día de aquello. Mañana serán nueve meses y dos días. Ya ha salido de cuentas.

Al descanso , el ariete blanquinegro se felicitaba porque el partido no se podía haber puesto más de cara. Andaba ufano el carismático atacante rompeolense porque había desbordado por piernas a sus rivales cuantas veces lo había intentado, él, que siempre de había dado como perdedor -lo sigue haciendo- en los duelos  en velocidad. 

En la imagen que ilustra este artículo, la de la última contribución directa de Posadas al gol, aparece celebrando la acción junto a sus compañeros y amigos Héctor y Edu. Ambos marcaron ese día y  acumularon mucho protagonismo. El primero fue capaz de sobreponerse a una subluxación de su hombro maltrecho, mientras que el segundo se destapó por fin y mostró su calidad pocos días antes de caer lesionado de gravedad y tener que retirarse.

Ninguno de ellos permanece ahora a su lado. Tampoco Dani López (nueve goles en el anterior ejercicio), que esta temporada apenas ha aparecido una vez al rescate de una convocatoria al límite. Los tiempos han cambiado y los compañeros de andanzas ofensivas también.

Posadas, que el año pasado tenía sobrecarga de trabajo porque debía ocuparse tanto de sacar la pelota jugada como también de resolver arriba y acertar de vez en cuando, ahora se ve liberado de tener que ser siempre él quien inicie la jugada. La aparición de José Manuel como vértice que atrae y genera juego, la recuperación de Santi Mur, que aporta los desmarques y ese carácter incisivo que tanto se demandaban del ataque del Rompeolas, la presencia creciente de Dennis, que también acapara balón y está llamado a hacerlo mucho más… y, en suma, la mayor capacidad de combinación de cuantos componen el actual centro del campo del conjunto blanquinegro permiten al 10 del Rompeolas situar su radio de acción mucho más cerca del área rival.    

En ese nuevo escenario, Posadas puede concentrarse en el arte del gol, difícil tarea en un equipo que lleva diez goles en diez partidos contando con que en tres de ellos se ha quedado a cero. Estas penurias vienen de lejos y la pasada temporada a punto estuvieron de resultar letal.

Pero es junto ahora cuando Posadas no ve puerta. Acumula 446 minutos en siete partidos de esta temporada sin atinar con la portería contraria. Puede meterlos en el pasillo de su casa o con los médicos, pero en el campo, de momento, agua. Y las ha tenido de todos los colores: tiros desde fuera del  área, remates de primeras, jugadas personales hasta la cocina que parecía imposible malograr y acciones de empujar a las mallas. Cierto es que sale de una lesión de la que se ha recuperado felizmente antes de lo que se preveía y que su labor no sólo consiste en hacer goles, sino que también los da y sigue generando juego (una tarea para la que siempre será muy necesario), pero el Rompeolas necesita que recupere su olfato. Cuatro, seis, ocho… los que sean. Todos resultarán pocos.  

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