Sacrificio para sumar un punto

El Athletic Rompeolas, de nuevo en cuadro, se exprime para sacar un empate frente al Rayo Pinares después de adelantarse en dos ocasiones por medio de Adrián y Posadas

Rayo Pinares 2
Santiago Catalán; Brahim Elouaai, Eduardo Gómez, José Ricardo Penco, Javier Sosa (Miguel Ángel Gil, 67); Youssef Laroussi, Sergio Bernad Pablo Legua), Fernando Gómez, Santiago Tarancón; Javier Giménez, Sebastián Rodrigo.

Athletic Rompeolas 2
Dani Laparra; Sierra (Mario, 77), Dioni, José Antonio, Adrián; David González, Rober, Juan, Daniel Pablo, Santi Mur; Posadas.

Goles: 0-1, min. 3: Adrián, de cabeza. 1-1, min. 38: Sebastián Rodrigo. 1-2, min. 45: Posadas. 2-2, min. 62: Javier Giménez.

Árbitro: López Sánchez. Mostró cartulinas amarillas a local Eduardo Gómez y a los visitantes Adrián, Dioni, David González y José Antonio.

Incidencias: partido disputado correspondiente a la jornada 12 que debía haberse disputado el pasado 22 de diciembre y que tuvo que aplazarse por la no comparecencia (sin avisar) del árbitro. Mañana festiva de San Valero soleada y de temperatura primaveral. Por parte del Rompeolas, acudieron a mostrar su apoyo Iñaki y Visiedo. Jesús hizo de delegado y Kike hizo acto de presencia durante la primera parte.

GINER. El Athletic Rompeolas volvió a salvar otra jornada complicada gracias al compromiso de doce de los veinticinco jugadores con los que cuenta en la plantilla y , tras firmar tablas con el Rayo Pinares (2-2), se sostiene como puede unos días más en la cuarta plaza.

Nadie sabe qué habría ocurrido de haberse disputado este encuentro cuando inicialmente estaba previsto, el pasado 22 de diciembre, lo que sí está claro es que aquel día en el que el árbitro no hizo acto de presencia ni mención de justificar su ausencia, el Athletic Rompeolas presentó una convocatoria amplia. Más de un mes después, el número de lesionados, el hecho de que fuera un día festivo y las obligaciones laborales de algunos obligaron a hacer encaje de bolillos para juntar un once con el que plantar cara a un rival que va de menos a más.

La llegada in extremis de Laparra para ponerse bajo los palos después de haber logrado cambiar una de las tutorías de una de sus hijas; la espectacular actuación de Adrián, portero, brillante como lateral izquierdo (marcó el 0-1 y dio origen al segundo) pese a jugar con un esguince de tobillo desde el primer cuarto de hora; el derroche de Santi Mur, también con un tobillo tocado que aguantó corriendo arriba y abajo los ochenta minutos; el sacrificio de Sierra, Dioni y Posadas, que jugaron con molestias y evidente riesgo de caer lesionados y, cómo no, el compromiso de Rober, que hace sólo unos días sufrió el mazazo brutal del fallecimiento repentino de su hermano. Todos esos sacrificios y alguno más tuvieron que darse al mismo tiempo para al menos cubrir el once inicial.

Por eso puede perdonarse que otra vez el Athletic Rompeolas no fuera capaz de matar un partido que tenía encarrilado tras haberse adelantado en el marcador en dos ocasiones. El 0-1 llegó en el minuto 3 gracias a un cabezazo dentro del área de Adrián, que entró decidido al servicio al primer palo de Posadas. El polifacético portero-jugador del conjunto avispa cuajó una excelente actuación como defensa y dio una lección de contundencia, energía y hasta colocación.

Sobre el papel, la clave del partido podía estar en la comodidad con la que Youssef Laroussi llevase las riendas del Rayo Pinares. De ahí que el Rompeolas plantease una vigilancia especial sobre su salida con la pelota para dificultar la circulación de los verdinegros. Juan se aplicó en la tarea y los locales tuvieron que buscar alternativas dotadas de un talento más discreto.

Precisamente Juan pudo establecer el segundo con un tiro raso desde la frontal del área, pero el portero local hizo una gran estirada para despejar el esférico. En cambio, el Rayo Pinares, en una de sus primeras aproximaciones, aprovechó una duda en el despeje dentro del área de la zaga del Rompe para empatar por medio de Sebastián Rodrigo a sólo dos minutos del descanso. El balón pasó por delante de uno de los dos centrales, que no llegó a despejar, y acacó en los pies del atacante del Rayo, que a la media vuelta devolvió la iguadad al marcador.

Con el mazazo del gol tardío resonando en las cabezas de los jugadores, el Athletic Rompeolas se conjuró para aguantar el tirón en una segunda parte que se esperaba movida y sin margen de error ni posibilidad de resistir el mínimo percance.

A los cinco minutos de la reanudación, el Rompeolas vio por un instante la luz. Adrián despejó en largo como nunca hacen los defensas del Rompeolas y al lateral izquierdo del Rayo Pinares, Brahim Elouaai, se el hizo de noche deshacerse de la pelota. Su control deficiente fue aprovechado por un atento Posadas para escaparse en velocidad y, dentro del área, y pese al vaticinio del banquillo del Rayo sobre que fallaría el remate, el 10 del Rompe ajustó su chut por el hueco entre el portero y el palo más cercano, 1-2.

El Rayo se volcó decidido a la remontada y, en vista de los problemas para que su faro ejerciera de guía, dejó a Laroussi varado entre centrales y echó mano de Sergio Bernad . El 14 de de los verdinegros aprovechó el cortocircuito que eso generó en el Rompe. Rober, ya muy justo, no se centró en tapar al nuevo director de juego y David González bastante tenía con multiplicarse por detrás para tapar todos los huecos que generaban los dos puntas.

Pese a la evidente mejoría, el conjunto local no conseguía generar ocasiones claras hasta que en uno de los movimientos de distracción que veía practicando el ataque del Rayo Pinares, José Antonio pecó de ingenuo saliendo a la banda izquierda un corte al que nunca iba a llegar y dejó a la intemperie el corazón del área, allí donde siempre acaban llegando los balones servidos en bandeja para que desde atrás alguien los empuje a la red como hizo Javier Giménez.

Con el empate a dos, el Rompeolas aguantó como pudo las embestidas del Rayo Pinares y el peculiar criterio arbitral de López Sánchez, al que por sus formas se le presupone erróneamente una autoridad de la que luego carece por lo que después de consentir un juego brusco (aunque lo practicase sólo uno de los dos equipos) acaba echando mano de las tarjetas con alegría. Abierta la veda, échense a temblar. Así, el equipo que menos amonestaciones acumulaba en quince jornadas, vio cómo le mostraba cuatro. Y, encima, se fue caliente.

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