Ruina de empate

Al Athletic Rompeolas no le bastan tres goles de ventaja logrados en veintidós minutos para asegurarse el triunfo y acaba firmando con diez jugadores una triste igualada frente al Veteranos Garrapinillos

Athletic Rompeolas 3
Dani Laparra; Ernesto (Dioni, 63), José Antonio, David González, Joaquín; Juan, Rober, Barranco, Denis (Santi Mur, 75), Daniel Pablo; José Manuel.

Veteranos Garrapinillos 3
Sergio Blasco; Marco Antonio Celma (Javier Pico, 70), Adrián Ibáñez, Javier Lacabe, Néstor García; Israel Blasco (Jorge Boil, 29), Raúl Blasco, Alberto Urrea (Enrique Cobos, 45), Mario Martín; Alberto Martos, José Cambra.

Goles: 1-0, min. 11: Barranco. 2-0, min. 15: Barranco. 3-0, min. 22: Daniel Pablo. 3-1, min. 35: Mario Martín. 2-3, min. 47: Mario Martín, de cabeza. 3-3, min. 60: Mario Martín, de penalti.

Árbitro: Ignacio Asensio Guajardo. Anotó cartulinas amarillas a los locales José Manuel, Barranco, Ángel, Ernesto, Daniel Laparra y José Antonio, a éste en dos ocasiones (minutos 53 y 70) por lo que fue expulsado. Por parte del Veteranos Garrapinillos anotó tarjetas amarillas a Raúl Blasco, José Cambra, Javier Lacabe y Adrián Ibáñez.

GINER. El Athletic Rompeolas dejó escapar frente al Veteranos Garrapinillos dos puntos de forma lamentable en otra demostración de blandura y falta de carácter, de torpeza y desconocimiento absoluto de lo que es el fútbol real y en lo que muchas veces se convierte la competición.

Perdido y equivocado casi siempre y finalmente desquiciado por un arbitraje histriónico que dejó dos penaltis, un sinfín de broncas, no pocas patadas que quedaron impunes, un rosario de tarjetas (unas harto merecidas, otras de cuento y alguna que otra para algún pájaro de cuenta), el conjunto avispa desperdició una renta de tres goles y acabó con diez jugadores, a ratos mirando el reloj a ver si acababa semejante suplicio y por momentos poniendo cerco a la portería rival pese a encontrarse en inferioridad numérica.

El Veteranos Garrapinillos tuvo valor para no darse por vencido tras el apabullante 3-0 inicial y, con la amenaza constante de José Cambra y de Alberto Martos en el ataque, desplegó un fútbol visceral, alejado cada vez más de las florituras de antaño y más centrado en tocar aquellos resortes que desequilibran a los adversarios sin demasiados arrestos. Al margen de la diplomacia de espadachines que gastan, lo cierto es que, a cada enfrentamiento que se sucede, cobra mayor relevancia en su juego un fútbol subterráneo de tales proporciones (ojo, tan cierto como legítimo) que les daría para construir un túnel por el que desandar el camino desde Torrero hasta Garrapinillos sin ver la luz del sol.

El tiro de volea de Barranco se marcha muy cerca del palo derecho del portal de Blasco.

Frente a ese dominio de las herramientas que el juego de contacto pone a disposición de quien las quiera emplear, el Athletic Rompeolas volvió a dar muestras de su mansedumbre. Blandito y suavecito, del género lanar, fue dejándose acogotar con el paso de los minutos por un rival enérgico que encontró amparo en un árbitro de proceder caprichoso que hizo lo imposible por no pasar desapercibido. Una falta previa para ganar la posición en ataque dentro del área y rematar a puerta, una patada en el centro del campo para cortar el juego del rival (y minarle la moral), un empujón para evitar que el rival llegue a controlar un balón que se escapaba por la línea de banda…

Hasta el minuto 22, sin embargo, Asensio Guajardo apenas había intervenido para anotar los tres tantos del Rompeolas y dejar pasar por alto las dos o tres caricias con las que Raúl Blasco ya había agasajado a sus adversarios en el centro del campo. Durante ese breve, pero intenso periodo de tiempo, el conjunto avispa se había mostrado letal en ataque, con un Barranco desbocado que volvía a mostrarse letal frente al equipo del barrio rural, aunque otra vez acabase yéndose a la ducha cosido a patadas. Denis, desde el pico derecho del área de Sergio Blasco, y Barranco, de una ajustada volea que salió rozando el palo derecho, anunciaron el aluvión por venir.

El primer tanto llegó por la parte izquierda. Los avispas progresaron por medio de Joaquín, que encontró un rápido apoyo en un muy útil Denis pegado esta vez sí a la banda asignada. El 13 del Rompe asistió a al borde del área a Barranco y este acabó haciéndose hueco para fusilar a Blasco. El segundo fue en un contragolpe aún más obvio con Dennis a la carrera en busca de un apoyo de José Manuel, que con muy buen criterio retuvo la pelota esperando la llegada de Barranco, que con un par de quiebros y un rebote de fortuna se plantó ante el portero visitante y lo volvió a superar en el mano a mano.

El tercero dejó señales de cortocircuito en la zaga blanquirroja con un robo de balón de José Manuel a la altura de la frontal del área del Garrapinillos. El 9 del Rompe se dio la vuelta sobre sí mismo esperando a algún compañero hasta que, solícito, apareció a toda prisa Daniel Pablo por la parte derecha y, tras recoger la asistencia, estampó el esférico en la red de tiro cruzado.

Con un tres cero ¿alguien podía poner en cuestión entonces el planteamiento del Rompeolas? Los mayores activos ofensivos del Veteranos Garrapinillos parecían controlados por una zaga atenta en la que sólo desentonaban los problemas de Ernesto en el manejo de la pelota. El centro del campo formado por Juan y Rober cerraba los espacios y robaba pronto para catapultar al contragolpe a un Barranco muy suelto en una posición intermedia. En su auxilio, dos extremos bien abiertos y conectados al juego como Daniel Pablo y Denis, este último por fin centrado en la tarea encomendada. Arriba, como pivote y punto de apoyo camino del gol, José Manuel, al que siempre es interesante encontrar cerca del área.

La mañana pintaba para hacer una escabechina en la portería visitante. Se trataba de mantener el tono y la seriedad y seguir buscando los huecos al contragolpe sin arriesgar lo más mínimo. Sin embargo, la resistencia del rival a entregar la cuchara y el martillo pilón de las decisiones injustas e incomprensibles del árbitro nublaron la visión de un Rompeolas torpe y corto de miras, que se enredó con la pelota.

Martos ganó la espalda a los dos centrales del Rompeolas y en carrera conectó un disparo ante el que Dani Laparra respondió repeliendo la pelota con las palmas de las manos.

Las protestas airadas del banquillo del Rompeolas ante la cuarta patada gratuita de Raúl Blasco casi provocaron la primera cartulina amarilla de Asensio Guajardo pero a la vez desbloquearon un resorte en su mano derecha sin el cual las tarjetas le fluyeron sin cesar, especialmente dirigidas al bando local, cómo no, hasta esta jornada uno de los dos equipos con menos amonestaciones y más miramientos para hacer faltas.

El Rompeolas se envenenó y acabó cayendo en trampas de elefante. La primera, por perder el balón en su propio campo, un penalti bien forzado por un atacante del Garrapinillos que con el leve contacto de un defensor se dejó caer. Martín anotó desde los once metros y estableció lo que parecía entonces el exotismo del gol visitante, primer peldaño de la remontada.

¿Qué ocurrió tras el descanso? Es difícil de explicar. No puede decirse que el Athletic Rompeolas saliese encerrado atrás y acabase pagando caro su miedo con 3-1 porque no se replegó. ¿Perdió entonces la cabeza y se lanzó a un ataque alocado olvidando administrar la ventaja que atesoraba? No, por cierto. Apenas llegó en contadas ocasiones al área de visitante, la más clara en otro derroche de calidad de José Manuel, que rompió la cintura a Néstor García y no terminó de resolver frente a Javier Lacabe y Sergio Blasco. ¿Recibió alguna consigna para no buscar el cuarto gol? ¿Para no tocar la pelota en la misma medida que se había hecho durante el primer tiempo? Rotundamente no.

La única demanda que escuchó (vista la respuesta es sólo un decir) en el vestuario del Rompeolas fue que la salida desde atrás fuera clara, sin complicaciones ni errores, teniendo presente las características de un campo reducido en el que, en un momento determinado, un despeje en largo te puede llevar el peligro al área de un rival que tendría que volcarse. Pues no, los avispas ni despejaron de forma contundente, ni atacaron, ni se encerraron, ni defendieron como antes.

Cayeron en un autismo desesperante en el que nadie era capaz de reaccionar, de dar una voz, de llamar al orden, de hacer una falta allí donde hay que hacerlas para cortar de raíz el avance del rival. Los golpes caían uno tras otro y parecían escocer, pero no como para rebelarse.

El segundo gol del Veteranos Garrapinillos llegó, como no (así lo hicieron en realidad los tres) a balón parado. Fue sangrante. Un lanzamiento de falta desde un costado, la línea defensiva preocupada por guardar una línea efímera y Juan que se queda mirando el balón y pierde de vista al adversario que tenía que marcar. Otra vez Martín, según recoge el acta arbitral, alimentó el empeño visitante.

De nada sirvieron los gritos desaforados desde el banquillo para que no hubiese ningún atacante suelto dentro del área. Todos como vacas mirando al prado, demorando el acercamiento a su contrincante para tenerlo controlado. Que nunca hay que perder de vista al adversario, que el balón se controla de reojo… ¿Pero de verdad es necesario dejarse la garganta desde la banda para algo tan obvio como marcar uno a uno a balón parado? Como no se cumple, es inútil y, por tanto, un derroche de energía totalmente prescindible.

La inoperancia del Rompeolas animó aún más al cuadro visitante, que adelantó la posición del central Adrián Ibáñez al centro del campo y dejó a su compañero Néstor García en un uno para uno con José Manuel. De pronto los locales veían un centro del campo superpoblado de rojiblancos como molinos que parecían gigantes. Contar con tres jugadores no les pareció suficiente. Buscar la profundidad por las bandas no lo estimaron oportuno. Para qué. El banquillo tampoco fue capaz de revertir la situación ni frenar ese deterioro.

Jorge Boil, sustituto del lesionado Israel Blasco ya en el primer tempo, cruzó un balón centrado y desde la parte derecha y éste se paseó por el área pequeña de Dani Laparra. El Rompeolas era un caso en el que quien más o quien menos estaba bastante perdido. José Antonio saltó como un mastodonte al centro del campo. Un mastodonte de los que llegan tarde al cruce, porque entró con todo y levantó del suelo a su oponente y se ganó la primera de las dos cartulinas amarillas que acabó viendo.

El central del Rompeolas estaba ya desbocado y era carne de cañón para el árbitro. Volvió a quedar a merced de los ataques del Garrapinillos y acabó cometiendo otro penalti que Martín tampoco erró, 3-3.

El caldo gordo de Asensio Guajardo ya estaba en su punto. En un salto normal en el centro del campo en el que no medió ninguna extremidad fuera de lugar, José Antonio vio de forma inexplicable la segunda tarjeta amarilla y por tanto fue expulsado. Salió Dioni por Ernesto y se colocó como central, lo que obligó a Daniel Pablo a bajar al lateral derecho.

Arriba las noticias tampoco eran mejores. Barranco, enfrascado en una cruzada en solitario, fue cazado por detrás a la altura de los gemelos, una acción sin posibilidad de jugar el balón que sólo fue merecedora de otra cartulina amarilla.

Siguieron buscando al atacante jienense del Rompe con insultos a su persona en presencia del árbitro, algo que escandalizó al banquillo del Rompeolas, que se levantó como un resorte para reclamar que castigase aquel comportamiento. Las vocingleros provocaron el efecto contrario. Un desaforado Asensio Guajardo se volvió hacia ellos y gritó «a que lo echo». Y se dirigió enérgico hacia Barranco para mostrarle otra cartulina.

Cuanto menos, pareció bastante fuera de lugar porque ante los gritos incrédulos de ¡noo! del banquillo local, lo que hizo fue enseñar la amarilla a varios integrantes del banco de los avispas (al menos a los que entendió identificar) «por desconsideración», según apuntó allí mismo. Pero qué se puede esperar de alguien que no es capaz de prepararse él mismo la bolsa.

De todo lo acontecido volvió a ser testigo el informador arbitral Enrique Cáncer, entretenido con su cámara y el paripé de los desfiles antes de los partidos, cuya última visita al Giner, otro día también nefasto para el colectivo, fue ya hace más de dos meses, precisamente el tiempo que lleva esperando pacientemente el Athletic Rompeolas a que el Comité de Competición se digne a responder al recurso presentado. Aquí hay para todos.

Con diez jugadores y la moral rota, el Athletic Rompeolas se vino arriba y buscó el gol de la enmienda. Circuló el balón de un lado a otro y llegó un par de veces arriba. El daño ya estaba hecho. Y lo peor no es el resultado ni la racha de un triunfo en las últimas siete jornadas. Lo feo es la carga de profundidad que conlleva esta nueva debacle, la falta de nervio y de inteligencia que denota dejar escapar un 3-0 en casa frente a un rival que no es superior. Y, sobre todo, los gestos desagradables que en algún caso muy puntual habían surgido dentro del campo entre compañeros tuvieron esta vez una réplica parecida que no debería volver a producirse por el bien del grupo.

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