Lección de orgullo de los que siempre están


Doce jugadores del Athletic Rompeolas dan la cara en un día muy complicado y rescatan un punto frente al CD Porvenir, que exprimió al máximo una acción desafortunada de José Antonio


Athletic Rompeolas 1
Adrián; Daniel Pablo, David González, José Antonio, Joaquín; Toño, José Manuel, Ernesto, Ángel (Alberto, 54), Denis, Santi Mur.

CD Porvenir 1
Daniel Bitrián; José Julio Zamora (12), Carlos Penco (4), David Lahoz (21), Martín Recio (7), Óscar Saenz (11), Ángel Vicente (16), Carlos Gutiérrez (2), Raúl González (17), Sergio Mori (9), Máximo Bolea (14).

Goles: 1-0, min. 28: Ángel Vicente, tras desviar el esférico José Antonio. 1-1, min. 73: José Antonio, de penalti.

Árbitro: López García. Mostró cartulina amarilla al jugador visitante Máximo Bolea.

Incidencias: Mañana lluviosa y cuatro grados de temperatura. Por parte del Rompeolas, Mario Lafuente (con fiebre) y José Sierra (lesionado) acudieron a apoyar al equipo, lo mismo que hicieron Kike (de vuelta de Anduva), e Iñaki. También fueron baja, pero estuvieron ausentes Dani Laparra, Dioni, Jordi, Rober, Posadas, Juan Estraña, David Soriano, Julio Calle, Édgar Cruz y Dani Barranco.



GINER. El Athletic Rompeolas comenzó la segunda vuelta del torneo liguero de Laboral Segunda Preferente con un apurado empate frente al rocoso CD Porvenir en una mañana aciaga por el cúmulo de ausencias, hasta trece bajas (unas comunicadas y otras no); la mala suerte de encajar un gol en propia puerta por un despeje defectuoso y el desacierto que le llevó a desaprovechar uno de los dos penaltis señalados a su favor y un buen número de ocasiones claras de gol con las que podría haber culminado la remontada.

Porque el equipo acabó convertido en un vendaval incontrolable de llegadas por las bandas, centros al área y remates a portería o a la malla de protección del campo tras un primer tiempo de penuria ofensiva en el que la escasez de argumentos le obligó a sobrevivir como pudo frente a un rival más pendiente de defenderse que de buscar un gol que se acabó encontrando de rebote y que le hizo crecer hasta convencerse de que podía llevarse el triunfo.

Ese cambio tan radical vino provocado por la reubicación de piezas que conllevó la entrada en el campo del hasta ayer inédito Alberto en lugar de Ángel. En un sólo movimiento, David González quedó liberado de la tarea defensiva y pasó a ser el escudero que necesitaba José Manuel para moverse con red en el centro del campo; Daniel Pablo dio rienda suelta a sus ansias ofensivas por la banda derecha; Ernesto compensó el atrevimiento de su compañero de banda con una gran dosis de concentración y trabajo defensivo y Toño se sumó al ataque desde la parte izquierda.

La convocatoria del Rompeolas no dio para más. Once jugadores disponibles, más uno sin ningún rodaje, de veinticinco que componen una plantilla que se supone quiere estar en la parte alta de la clasificación. Bien es verdad que enfrente el CD Porvenir también dio la cara con once justos, pero el argumento se desdibuja viendo que posiblemente por eso su batalla transcurre en la parte baja de la tabla.

Vaya por delante, resulta una obviedad aclararlo, que no existe ninguna obligación de acudir a una citación del Rompeolas. Como no puede ser de otra manera, el compromiso con este club es absolutamente voluntario y cada uno de sus jugadores lo demuestra día a día con su asistencia. El plantel es lo suficientemente amplio como para que todo el mundo pueda dar prioridad a sus compromisos familiares y sociales en algún momento de la temporada, para que cualquiera cause baja por un problema personal, una complicación de la noche o cualquier otro imprevisto. Basta con comunicarlo. El problema viene cuando hay más bajas que altas y cuando jugadores que habían confirmado ellos mismos su asistencia al partido acaban por no aparecer. Y no avisan.

Muchos entran y salen de las alineaciones, pero cuando resuena el eco de las voces en el vacío del vestuario, los que allí se reúnen son casi siempre los mismos, algunos de los cuales ocupan plaza de suplentes cuando toca apretarse en el banco. Por ello, vaya por delante el reconocimiento. Porque es el sustrato lo que permanece.

Así, las cosas, Adrián formó en la portería. La defensa quedó bien pertrechada con los habituales José Antonio y David González, en el eje, y Daniel Pablo y Joaquín, en los laterales. En el centro del campo, la demarcación más afectada por las ausencias, Toño trató de poner el trabajo oscuro y José Manuel la luz. El esfuerzo de ambos disimuló las carencias físicas de una zona que normalmente suele contar con una presencia más imponente. Por su parte, Ernesto, que en un principio no tenía previsto acudir al partido, jugó a pierna cambiada por la aparte izquierda y Ángel se situó en la parte derecha. Y arriba, Denis, con la misión de hacer de enlace con Santi Mur.

El conjunto avispa no encontró la forma de sacar el balón más allá de su campo. Los cuatro de atrás lo movieron con suficiencia, pero en cuanto José Manuel trataba de canalizar el juego, uno y dos jugadores del Porvenir ahogaban sus intentos. Así que no quedó más remedio que enviar pases en largo buscando a Santi Mur, el por otra parte jugador más menudo de los once avispas sobre el verde del Giner. Aun encontró su equipo cierto desahogo, pero la lucha de uno contra cuatro y cinco rivales por la figura de coche escoba de Carlos Gutiérrez por delante de la zaga rojilla lo convirtió en imposible.

Lo cierto es que tampoco esta vez encontró acomodo Denis en la posición asignada. Cuando se le coloca en la banda, se marcha al centro; si se le pone arriba como referencia ofensiva, baja a la zona de creación. Esta vez tenía la misión de dar presencia a su equipo en la media punta de ataque y apoyar a su compañero Santi en la búsqueda de pases en largo, pero, en cambio, acudió a sacar de banda, bajó a sacar el balón desde atrás y nunca buscó la espalda de la defensa rival. El verso suelto del Rompeolas sí cumplió a pies juntillas la instrucción dada de acabar todas las jugadas con un disparo a puerta. Fue el que más lo intentó, a balón parado incluso, aunque sin ninguna fortuna. El balón parado, la eterna asignatura pendiente del Rompeolas, volvió a ser un recurso estéril en ataque. Si los lanzamientos no fueron muy afortunados, el que nadie acudiese a la segunda jugada o a tocar el balón resultó una vez más descorazonador.

El panorama se oscureció todavía más cuando tras una falta forzada por el delantero Máximo Bolea, el tiro bastante tocado de Ángel Vicente, acabó elevándose lo justo para despistar a Adrián por el inoportuno toque de José Antonio con su pierna izquierda (y eso que era la buena).

Entonces los toquecitos romos pasándose la pelota en la zaga ya no servían de nada. El Rompeolas redobló sus esfuerzos para llegar al área rival y, visto el escaso desborde de los interiores circunstanciales, proyectó a sus laterales al campo rival. Estos respondieron apurando la línea de fondo y poniendo centros al área para un solitario Santi Mur, quien tuvo una ocasión clara cuando recogió dentro del área un tiro a balón parado de Denis y tras girarse lanzó un misil que se marchó alto. Joaquín, además, envió un disparo al larguero y remató de cabeza en el primer palo un lanzamiento de saque de esquina. Los movimientos al centro de Ernesto prestando apoyo a los suyos dejaron hueco para las subidas de su compañero de banda.

Durante el descanso, en medio de un ambiente de pesadumbre, José Manuel habló con Daniel Pablo para reproducir por su banda el movimiento de arrastre realizado por Ernesto por el lado opuesto. Por su parte, Alberto llamó a contar con mayor presencia arriba mientras anotaba en un papel arrugado el baile de piezas ideado poco antes camino de la caseta para, llegado el caso, jugarse la última bala.

Tras la reanudación, el conjunto local insistió en buscar el empate con esa estrategia, pero el empuje languidecía en las proximidades del área de Bitrián. El CD Porvenir no se siente especialmente incómodo cuando no tiene la pelota. Encerrado en su campo, con una línea pétrea de cuatro zagueros y un pivote defensivo por delante, dos medios centros, dos jugadores abiertos a las bandas y un punta incisivo que pelea todos los envíos en largo de sus compañeros, el conjunto rojillo resiste lo que le echen, sobre todo si tiene el mínimo botín que administrar.

Con el paso de los minutos, la inoperancia del Rompeolas acaparando la pelota y llevándola de una banda a otra bajo la lluvia sin conseguir remates claros reforzó aún más la confianza del CD Porvenir, que se atrevió a llegar con mayor frecuencia a los dominios de un hasta entonces inédito Adrián. El centro del campo avispa ya no cerraba espacios como debía y dejaba margen para los contragolpes rojillos, preludio del drama que hubiera supuesto encajar un segundo tanto.

Así que, no viendo otra alternativa, del banquillo del Rompeolas salió al campo Alberto para disputar sus primeros minutos de la temporada. El sentido del cambio no estaba en lo que pudiese aportar en defensa, sino en la ordenación de piezas que su salida conllevaba. Hasta cuatro cambios de posición que al Athletic Rompeolas le sentaron estupendamente. El recién ingresado en el terreno de juego se comportó como un frontón en el que todo balón que le llegaba salía rebotado de forma expeditiva y los atacante visitantes Bolea y Mori no tuvieron ni una sola opción de generar peligro.

Entonces los avispas recuperaron recuperaron el pulso y se lanzaron en tromba al ataque. José Manuel y David González movieron rápidamente el balón de un lado a otro, Toño combinó por dentro, Joaquín se sumó al ataque, Daniel Pablo abrió un carril de alta velocidad por la parte derecha y Denis y Santi Mur no dejaron de pisar el área.

El acoso y derribo de los locales ahogó al Porvenir, incapaz de salir de su campo, y le hizo cometer errores, como el que le llevó a señalarle penalti avanzada la segunda parte. El Rompe ya veía de cerca el empate, pero Denis generó más incertidumbre lanzado el esférico raso al palo situado a la derecha de Bitrián. Más faltas laterales colgadas, saques de esquina, tiros desde la frontal del área… el gol local siguió planeando como una amenaza constante. Joaquín volvió a tener varias ocasiones de gol, como Denis, Santi Mur, Daniel Pablo, José Manuel… Todo el equipo unido en comunión y entregado a la causa de superar las dificultades y levantar el marcador adverso. El ritmo y la entrega que se vieron sobre el campo compensaron la mañana penurias.

En una acción discutible en la que un zaguero del Porvenir fue a despejar el balón y éste le acabó dando en la mano derecha, el árbitro López García decretó un segundo penalti. ¿Quién lo tiraría? José Manuel, lanzador oficial, fue a recoger el esférico cuando reparó en que José Antonio ya se había apoderado de él y, haciendo oídos sordos de las reiteradas advertencias de Kike desde el banquillo (reiteradas hasta la extenuación), el capitán del Rompeolas ejecutó la pena máxima. Con suspense, porque el balón también salió raso, esta vez al lado opuesto al del tiro de Denis, a la izquierda del portero Bitrián, pero esta vez entró.

En medio del monólogo del cuadro local, que siguió acumulando más y más llegadas pero no se mostró acertado en el remate, el único acercamiento del CD Porvenir fue un pelotazo desde casi el centro del campo sin aparente peligro que en realidad se convirtió en un lanzamiento con toda la mala idea imaginable que el portero del Rompeolas Adrián sacó con una mano junto a la escuadra derecha de su portal para amarrar al menos el punto.

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