Cena final de temporada 2017 /2018

Celebración en un ambiente de despedida

Parte de la plantilla del Athletic Rompeolas se reúne en el restaurante Cedros para festejar la salvación y decir adiós a varios de sus integrantes

 

La familia del Athletic Rompeolas se reunió una vez más en torno a una mesa para compartir una noche de jolgorio y felicidad después de una campaña repleta de penurias, con varias lesiones graves y muchos agobios clasificatorios. El rencuentro sirvió para hacer balance del año recordando las anécdotas más relevantes, reconocer las actuaciones más destacadas, visionar la última creación audiovisual de Caraballo Productions y rendir homenaje a los no pocos jugadores que, por unos u otros motivos, no continuarán la próxima temporada.

Quince jugadores de una extensa plantilla de 32 se dieron cita en el pequeño salón del restaurante Cedros. Eso es menos de la mitad, aunque bien es cierto que el reservado no hubiera dado para muchos más. Degustaron platos de tomate natural, alcachofas, chipirones a la plancha, huevos rotos y chuletón a la brasa.

Después de las viandas, llegó uno de los momentos cumbre de la noche con la proyección de un nueva creación audiovisual de Kike Caraballo que reunió los hitos de la trayectoria rompeolense tomando prestadas varias escenas de películas muy conocidas. Momentos hilarantes y también emocionantes de otra pequeña gesta del Athletic Rompeolas, que fue capaz de firmar una notable segunda vuelta para llegar con un hilo de vida a la última jornada en la que logró la permanencia de manera prodigiosa.

Cierto es que, en tamaña hazaña, varios jugadores quedaron maltrechos por el camino. Desgracias fruto de la mala suerte, sí, pero también de tener que ir al límite cada domingo haciendo frente a convocatorias demasiado pobres. Sobrecarga de minutos y de situaciones extremas que acabaron pasando factura. La entrega de trofeos y menciones sirvió como reconocimiento a esa entrega de todos, sin la cual el equipo no habría resistido en pie.

Eduardo, todavía convaleciente, recoge su trofeo de la mano de Kike.

El primero en recibir el reconocimiento de sus compañeros fue Eduardo Peinado, recientemente operado de una grave lesión de rodilla. La desgracia se cebó con el bueno de Eduardo justo cuando mejor se sentía. Tardó en encontrar su sitio en el equipo, tras varias jornadas perdido en la banda derecha. Fue colocarlo en la punta de ataque, más fruto de la necesidad que de otra cosa, y el atacante procedente de la cantera de Agustinos se destapó como un habilidoso delantero con olfato de gol. Para recordar, su actuación en el vital triunfo para la salvación frente al Bar Estudiantil, con un gol soberbio desde el centro del campo. En su mejor momento, cuando más falta hacía, un emparedado preparado por los dos centrales del Urriés desgració su rodilla izquierda de forma letal.

 

David Orcajo, también lesionado de gravedad, recibe un recuerdo y un obsequio.

Otro que se ve obligado a decir adiós a los terrenos de juego es David Orcajo, el bravo lateral que esta temporada estaba llamado a cobrar mayor protagonismo por las numerosas bajas en defensa. Pero, al comienzo de la segunda vuelta, el mal fario se lo llevó por delante en la visita a la AD Huérmeda -otra desgracia en Calatayud, sí-.

 

Héctor posa con una placa de homenaje.

Una lesión de hombro mantendrá a Héctor fuera de los terrenos de juego por tiempo indefinido. Su baja -quedó maltrecho en el partido de liga frente al Bar Estudiantil- supuso un duro golpe para el Rompeolas, que desde ese día perdió a uno de los pocos jugadores capaces de asociarse con el resto de sus compañeros.

Guillermo festeja la entrega de un colgante con una bombilla. La cuestión es celebrar.

No cumplió ni de lejos con su tan cacareada promesa de cinco ¿o eran siete? goles, pero Guillermo -Will- jugó también un papel relevante en un momento muy complicado de la temporada. Llevó al límite su espalda lesionada y se adaptó a la posición de central cuando su equipo más lo necesitaba cumpliendo casi siempre a un nivel más que aceptable. Para recordar especialmente, su actuación frente al Mortis en ese 0-0 con diez jugadores desde el inicio.

 

José Sierra también tuvo un reconocimiento por su regularidad y compromiso.

Audaz como pocos, José Sierra se ha convertido esta campaña en uno de los jugadores más regulares del plantel, con 22 asistencias y 1519 minutos. Se ha adaptado al lateral derecho, al izquierdo e incluso ha jugado como central y nunca ha renunciado a sacar la pelota jugada, aunque su atrevimiento le haya ocasionado algún disgusto serio como una pérdida de último jugador en el partido frente al Camping Bohalar. Pero cualquier pifia queda compensada por su entrega y constancia.

Uno de los estandartes del Rompeolas, Julio #oneclubman, recogió una placa de homenaje a la trayectoria de Juan Carlos Arrébola, desaparecido en combate durante todo el año. El veterano central, sumido en su propio procés de salida, se apareció a los pastorcillos a falta de dos jornadas para la conclusión de la liga para contribuir al milagro de la salvación. Su continuidad parece una quimera.

Julio recoge en nombre de Arrébola una placa de homenaje.

David Posadas, el faro del ataque del Rompeolas, ha vivido una temporada especialmente complicada. Las penurias ofensivas del equipo le obligaron a asumir mayor protagonismo en la tarea de elaboración teniendo que bajar con frecuencia al centro del campo para darle sentido al juego. Se ha sentido solo en numerosas ocasiones y, cuando en el tramo final de la campaña, se ha visto rodeado de jugadores de técnica depurada, su sensación de soledad aún creció más por el individualismo autista de sus compañeros. Eso le ha hecho perder de vista el objetivo principal: la portería, que únicamente ha batido en seis ocasiones, botín estimable pero escaso dada la pobreza realizadora del Rompeolas. Y cuando ha faltado, ausencias puntuales pero señaladas, su baja se ha notado terriblemente.

De manos de Kike recibió un colgante con una bombilla que se ilumina y un champú. Cariacontecido, el 22 del Rompeolas posó con el obsequio con indisimulada decepción. Cabe pensar si el motivo de ese rostro incrédulo se debió más al regalo en sí o a que éste fue idéntico al que recogió Guillermo.

Posadas observa con rosto circunspecto e incrédulo su bombilla-trofeo.

Una campaña más, Joaquín se ha mostrado como uno de los jugadores más regulares de la plantilla. Quizá ha brillado menos que en otras temporadas, en parte por verse obligado a desempeñar labores defensivas, pero su constancia (26 comparecencias y eso que vive a casi dos horas de Zaragoza) y su rendimiento (trabajo, regularidad y cuatro goles) le permiten seguir ostentando el cartel de imprescindible.

Joaquín posa sonriente con su trofeo junto a Kike.

Se marcha el gol

Dani López, artillero de referencia del Athletic Rompeolas, se ve obligado a decir adiós al fútbol. El desgaste que su rodilla derecha viene sufriendo desde hace años le ha forzado a esta dolorosa decisión, que deja tocado el ataque del conjunto blanquinegro. Frecuente blanco de las críticas por su frialdad dentro del campo, capaz siempre de lo mejor y de lo peor, esta temporada ha vuelto a sentar cátedra de lo que debe aportar un delantero: goles. En medio de un páramo ofensivo de jugadores obcecados en la filigrana estéril y la acción individual, Danigol ha sido una temporada más el pichichi del equipo con 9 dianas.

Como el soldado malherido que regresa a la primera línea de fuego a dar su última batalla, Dani López se alistó para la última jornada de liga en la que su equipo se jugaba la poca vida que le quedaba y se despidió con un gol de cabeza que contribuyó de forma decisiva a su salvación.

Dani observa la inscripción de su trofeo como máximo goleador del Rompeolas 2017/2018. 

El que continuará un año más enfundándose la zamarra del Rompeolas, poplíteo mediante, será José Antonio, veterano jugador rompeolense que esta temporada ha vuelto a llenar párrafos enteros de crónicas con sus actuaciones. Ha sido el zaguero que más minutos (1615) ha acumulado en esta tortuosa campaña para la línea de atrás. Ha visto nueve cartulinas amarillas, se ha ido mil veces al ataque y le ha dado hasta para ponerse bajo los palos en una mañana para olvidar.

Quizá deba compartir ese bote de champú recibido con su compañero Dioni, con quien ha formado una pareja de centrales bastante apañada.

Llavero y champú para José Antonio.

 

Jesús, estandarte del Rompeolas, guardián de las esencias, vínculo de cuerpo presente que une a varias generaciones de jugadores y antorcha humana que entra en combustión cuando alguien no da la talla en el campo ha sufrido esta temporada como nadie. Se ha colocado muchas veces al frente del equipo, muchas más de las que hubiese deseado y hasta ha tenido que volver a vestirse de corto media hora, algo de lo que ya se ha despedido tantas veces. Su señora sigue creyendo que a veces juega a escondidas, pero lo cierto es que el bueno de Jesús se ha llegado a lastimar enredando con un balón en la banda.

 

Champú y llavero para Jesús. La paciencia ya la pone él. 

 

Coincidiendo con la marcha obligada de Dani, en la última parte de la temporada ha regresado a la primera línea el viejo rockero Diego, otro goleador de los que tanto necesita el Rompeolas. Han bastado un par de partidos para que reverdezca viejos laureles. Puede que ya no se escape de cinco adversarios en una jugada y se meta con el balón dentro de la portería, pero si se enrola en la próxima aventura será el punta de referencia. Alguien tiene que dedicarse a meter goles.

 

Diego, preguntándose qué demonios va a hacer él con un champú. 

 

La ronda de reconocimientos se cerró con el trofeo al jugador más valioso de la temporada, que este año ha sido para Pablo Pellitero. El portero del Athletic Rompeolas ha firmado numerosas actuaciones sobresalientes que han salvado al equipo de no pocos goles cantados. Si el equipo no ha caído más abajo, ha sido en buena medida a sus actuaciones fuera de lo común. Y, si en algún momento ha cometido alguna pifia, ésta se ha debido a su afán por ayudar, por querer hacer más de la cuenta.

Además de portero, ha sido centrocampista, defensa, secretario técnico, conseguidor, animador, fotógrafo, aguador… y lo que se le hubiese puesto por delante. Porque todo lo afronta dando el máximo.

 

Muchos más tuvieron su cuota de protagonismo durante la campaña, pero, ah, si no vienes, no apareces en la foto.

La obra de arte de Kike puso punto final a la temporada entre grandes risas. Material había de sobra…

 

Nada que ver con el padecimiento que supone encontrarse cada fin de semana convocatorias de diez, once o doce jugadores. Nada que ver con perder cinco partidos seguidos, con sufrir lesiones graves que te apartan de los campos y comprometen seriamente tu trabajo, con afrontar un partido completo en inferioridad numérica frente a uno de los rivales de la cabeza de la tabla. Con encontrarse cada vez más abajo en la clasificación.

El equipo ha demostrado una capacidad de resistencia enorme. No se ha rendido nunca. Y todos los jugadores se han adaptado a posiciones y situaciones a las que no estaban habituados. Los que han acudido, se han exprimido al máximo y, en cierta manera, algunos lo han acabado pagando muy caro.

Las 28 fichas presentadas durante la liga y las 32 licencias en la Copa (una competición de la que en esta crónica, por piedad, no ha habido ni una línea) no han bastado ni por asomo para garantizarse citaciones decentes, lo que tiene que ser motivo de reflexión por parte de todos. La salvación sobre la campana es un aviso muy serio. La próxima vez puede que no quede ni margen de reacción.

Y las numerosas bajas que se presumen para la próxima campaña hacen aún más acuciante la llegada de refuerzos.

Tempus fugit.

 

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