Bar Estudiantil 1 Athetic Rompeolas 4

Premio por recuperar la esencia  

El Athletic Rompeolas logra un triunfo vital frente al Bar Estudiantil explotando el contragolpe y sigue muy vivo a falta de cuatro jornadas

Posadas y Edu celebran el 1-0, obra del primero, tras un fulgurante contragolpe.

 

Bar Estudiantil         1

Eduardo Casorrán; Andrés Pinilla, Álvaro Alvado, Carlos Martín, David Ferrer; Víctor Arganchal, Diego Palos, Rubén Palos, Eduardo Giménez, Manuel Pérez, Sergio Martínez.

Athletic Rompeolas 4 

Dani Laparra (Ángel, 41); Juan, Guillermo (Mario Marco, 13), Ernesto, Sierra; Pablo, Róber, Héctor Joaquín; Posadas, Eduardo.

Goles: 0-1, min. 14: Posadas. 0-2, min. 26: Mario Marco. 0-3, min. 34: Eduardo. 0-4, min. 63: Héctor. 1-4, min. 69: Sergio Martínez.

Árbitro: Francisco Vicente. Mostró cartulinas amarillas a los locales Eduardo Casorrán y Víctor Arganchal y a los visitantes Ernesto, José Sierra, Eduardo y Posadas.

Incidencias: Mañana nublada y temperatura agradable. El comienzo del partido, previsto para las 10.15, se demoró un cuarto de hora por el retraso del encuentro de Segunda Laboral que se disputó en el turno anterior.  Además, sobre las 11 de la mañana se escuchó el ruido de varias sirenas y en el cielo se hizo visible una gran columna de humo por un incendio en el cercano Parque Tecnológico de Reciclado López Soriano (PTR).

 

LA CARTUJA.  El Athletic Rompeolas se recompuso de los dos últimos mazazos sufridos frente a rivales directos y se llevó los tres puntos en su visita al Bar Estudiantil, con los que recobra el pulso en la pelea por la salvación a falta sólo de cuatro jornadas para la conclusión de esta tortuosa temporada.

Fue un triunfo contundente por 1-4 en el que los de Kike explotaron de forma inteligente el juego de contragolpe mediante un repliegue intenso en su propio campo. Líneas juntas y equilibrio para protegerse y espacio a la espalda de una defensa rival ingenua que dejó muchos huecos. Había que cambiar la forma de encarar los partidos tras los últimos batacazos. Demasiada sobreexposición, demasiado desequilibrio para un equipo escaso de gol, angustiado por las bajas y por la clasificación. En suma, había que tomar conciencia de la situación extrema que vive el equipo. A estas alturas, se puede perder porque el rival sea mejor, pero no porque regales goles: por quedarse parado reclamando un fuera de juego, por complicarse la vida atrás, por perder la posición.

Once inicial del Athletic Rompeolas

 

No faltaron las limitaciones en la convocatoria ni los contratiempos en el campo. Otra mañana de penurias, de encaje de bolillos para formar un once y luego tener que modificarlo sobre la marcha por las nuevas bajas. Como se demostró una vez más, lo poco que uno pueda aportar, suma mucho. Sumó por partida doble el primer tiempo de Dani Laparra: varios despejes suyos de mérito y la posibilidad de que Pablo, habitual guardameta, jugase 40 minutos de centrocampista para encontrar un pivote defensivo que aportara equilibrio entre tanta cabra loca. Sumó el sacrificio de Mario Marco, que tras acabar de trabajar a las 4 de la madrugada acudió al partido. Iba para rellenar el banquillo y acabó disputando 67 minutos de interior y de lateral izquierdo. Y hasta sumó algo el rato que aguantó la maltrecha espalda de Guillermo.

Desde el saque inicial se notó que la disposición y la actitud del Rompeolas era bien distinta a la de las últimas dos jornadas. El Bar Estudiantil tomó el mando. Se hizo con el balón y buscó con decisión la portería de Dani Laparra. Le faltaba una pieza esencial en el centro del campo como la de Francisco Camacho, y su mayor peligro partía del costado izquierdo, por donde Eduardo Giménez trató de penetrar durante toda la mañana.

 

Dani Laparra levanta sus brazos aliviado porque el remate de Carlos Martín (24) se marcha fuera, muy cerca del larguero.  

 

Pese al repliegue intenso, los locales rondaron el gol por los desajustes defensivos y la acostumbrada falta de contundencia en los despejes de os blanquinegros. Sergio Martínez ganó por alto a Juan y su posterior disparo quedó en un gran susto gracias al despeje de puños de Dani Laparra. Luego Carlos Martín recogió un rechazo al borde del área y a punto estuvo de inaugurar el marcador, como puede verse en la imagen de arriba.

Guillermo, tendido en el suelo, tuvo que ser sustituido en el minuto 13 del primer tiempo.

Eduardo Giménez ya bullía por la izquierda y desbordaba a Ernesto. Guille salió a tapar y en dos intervenciones ya había quedado K.O. El Rompeolas, minuto 13, se veía obligado a recomponer su alineación: Mario Marco por Guillermo, Sierra a la silla de los horrores del puesto de cetral, Joaquín al lateral y Mario Marco como interior.

Así quedó el equipo tras la lesión de Guille  

Repuestos de los sustos y el contratiempo, el buen posicionamiento comenzó a dar sus primeros frutos. Róber cortó un balón en el centro del campo porque esta vez sí estaba en su sitio y vio muy claro el desmarque de Posadas a la espalda de una defensa local demasiado confiada. El delantero del Rompeolas se plantó solo delante de Eduardo Casorrán y resolvió con acierto, 0-1.

Pero los problemas volvieron a aparecer. Héctor cayó al suelo en la disputa por un balón en el centro del campo y se le reprodujo la lesión en su hombro izquierdo que ya sufrió la pasada temporada en un partido de Copa. El bravo atacante balquinegro se recolocó la articulación y continuó jugando como pudo.

La ventaja en el marcador mostró el camino a seguir. Otro balón aéreo buscando el desmarque de Posadas fue desviado de cabeza fuera del área por el portero Eduardo Casorrán. Su despeje lo recogió Mario Marco en la banda derecha y desde allí envió el esférico al interior de la portería desguarnecida, 0-2. Se demostraba que para hacer daño no es necesario arriesgar tanto como hasta ahora veía haciendo el Rompeolas.

Posadas se adentra en el área mientras Héctor se ofrece en el centro.

El Bar Estudiantil continuó obcecado en su idea de juego pese a la desventaja porque se seguía viendo con serias opciones de remontar. Ernesto tuvo que empujar por detrás a Sergio Martínez porque se iba solo contra Dani Laparra, por lo que vio la amarilla. Y, en otra acción de desborde por la parte izquierda, Pablo cortó de forma prodigiosa un último pase dentro del área arrojándose al suelo.

Pasada la media hora de juego, Eduardo recogió un balón suelto en el centro y desde su propio campo golpeó con precisión viendo la posición adelantada del portero local. El balón voló por encima de todos hasta alojarse en el interior de la portería. Locura y 0-3. El espectacular tanto sirvió de liberación para el delantero del Rompeolas, tantas semanas bloqueado mentalmente, y poco después regaló una delicatessen de regate y tuvo que ser cortado en falta.

Con ese botín el repliegue se hizo todavía más intenso. Y, de nuevo al contragolpe, Posadas estuvo a punto de hacer el cuarto. El delantero del Rompeolas acabó esta vez con el rostro congestionado por sus galopadas a los espacios y en cambio con las piernas libres de las patadas que se lleva cuando acapara la pelota y se pierde en regates.

Así quedó el equipo.

En el segundo tiempo hubo que hacer frente a la baja ya conocida de Dani Laparra. Salió en su lugar Ángel, que se situó en la banda derecha de Ernesto. Joaquín cambió por tercera vez de posición desplazándose al centro junto a Róber, Mario Marco acabó de lateral izquierdo y Pablo se puso los guantes. Versatilidad y sacrificio por encima de todo. Los de blanco y negro aún se encerraron más en su campo. Había que conservar el 0-3 a toda costa y resistir porque esos tres puntos eran gloria. Eduardo Giménez (14) acaparó cada vez mayor protagonismo buscando las internadas por la parte izquierda y las diagonales al centro. En una de sus llegadas, se coló por el centro y disparó seco, pero Pablo respondió con reflejos desviado a saque de esquina.

El Rompeolas se cargó de tarjetas estúpidas como las mostradas a Sierra por un calentón (además la suya lleva postre porque es la quinta), a Edu por protestar y a Posadas por desplazar un balón. Cada vez salía menos de su campo y cualquier transición de dos o tres pases entre Róber, Héctor, Ángel, Posadas y Edu era un pequeño respiro. La defensa del Bar Estudiantil dijo de perdidos al río y siguió muy adelantada. Tras otro corte en el centro del campo, Róber, en lugar de abrir a cualquier de las dos bandas, picó la pelota por encima de la defensa de forma muy inteligente para salvar el fuera de juego y por allí se coló nuevamente Posadas -en velocidad, señores-. El velocista de nuevo cuño se plantó al borde del área y cedió la suerte del gol a su compañero Héctor, que entrando por la parte izquierda batió por bajo a Casorrán, 0-4. Corría el minuto 63 y el triunfo ya no se podía escapar.

Repliegue intenso del Rompeolas en campo propio buscando los contragolpes.

Aun así, el banquillo del Rompeolas siguió desgañitándose para que todos recuperasen la posición tras cada pérdida y para que la defensa saliera de la guarida tras cada saque de Pablo. En una de las pocas llegadas con claridad de los locales, Manuel Pérez ganó la espalda a Mario Marco y cruzó en exceso el balón con el exterior se bota derecha ante la salida de Pablo.

El gol del honor de los locales llegó por un error en cadena que comenzó en Pablo por precipitarse en el saque de puerta. El portero del Rompe se puso un poco nervioso por las continuas protestas de los espectadores locales con cada uno de sus lanzamientos y golpeó el esférico de forma defectuosa. El envió cayo a los pies de Eduardo Giménez, libre de marca por la desatención de Ernesto. El extremo local desbordó al lateral y a Ángel y su centro fue cómodamente empujado a la red por Sergio Martínez, que esta vez no perdonó, 1-4.

Pese a que aún faltaban diez minutos, el marcador ya no se movió. El Rompeolas recuperó el buen camino y sumó tres puntos a partir del orden, la ocupación correcta de los espacios, el sacrificio y la versatilidad de sus jugadores y el acierto de cara a puerta. Esto sigue. Esto marcha.

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