Athletic Rompeolas 0 Olímpico Torrero 0

Con uñas y dientes 

El Athletic Rompeolas resiste el asedio del Olímpico Torrero y firma un empate de mérito con un Pablo estelar bajo los palos

Posadas reaparece antes de lo previsto y a punto está de darle el triunfo a su equipo con un disparo al larguero

Pablo se asegura de que el balón que viene de la parte derecha del ataque rival no acabe dentro de su portería.

 

Athletic Rompeolas  0 

Pablo; Alberto, Javi Ricón, José Antonio, Kike; Sierra, Juan, Rober, Joaquín (Dioni, 65); Dennis (Posadas, 50), Santi (Ángel, 75).

Olímpico Torrero      0 

Carlos Barra; Jesús Lucea (Diego Alastrue, 70), Cristóbal Valero, Francisco Javier Gracia, Raúl Abadía (Carlos Sanz, 55); Jorge Carilla, David Calvera, Roberto Caballero, David Chamizo, Raúl Sánchez (Jordy Montoya, 55); José Bermúdez.

Árbitro: Fernando Reig Guillén. Mostró cartulinas amarillas al local Javi Ricón y al visitante Diego Alastrue. Reig pudo aguantar todo el partido pese a sus problemas musculares.

Incidencias: Partido correspondiente a la séptima jornada de Segunda Preferente fútbol laboral Zaragoza. Mañana fresca y soleada. En el Athletic Rompeolas reapareció Posadas tras recuperarse de su lesión de nariz en un tiempo menor al inicialmente previsto. En este caso fue baja por lesión David González y, por segunda jornada consecutiva, Mario Lafuente formo parte del banquillo pero no entró en el carrusel de cambios.

 

GINER. Punto a punto, el Athletic Rompeolas avanza a paso de tortuga en la clasificación de Segunda Preferente al mismo tiempo que comienza a granjearse la imagen de equipo aguerrido al que cuesta doblegar. El empate a cero del pasado domingo frente al Olímpico Torrero, tras resistir el mayor asedio vivido en siete jornadas, es un buen ejemplo de la capacidad de sufrimiento de este grupo, que está aprendiendo a amarrar lo que la temporada pasada salía volando por los aires a poco viento que soplara.

Cuatro empates sumó el Rompeolas en la tormentosa campaña 17/18 y tres lleva ya en siete jornadas de la 18/19. Ahora suma seis puntos en siete jornadas, seis puntos de veintiuno, un bagaje que en cualquier otro momento resultaría muy pobre, pero que de momento vale para estar a un paso de la zona templada de la clasificación, vista la tremenda igualdad que de momento se aprecia en la mayoría de los duelos.

Todo guerrero necesita de una coraza y la del Rompeolas todavía es una corteza fina en periodo de formación. De momento, el dato de los diez tantos encajados en siete partidos es un registro discreto como para ir sacando pecho, pero ya le permite distinguirse de los compañeros de fatigas clasificatorias. Resiliencia lo llaman. La capacidad para adaptarse a una situación adversa. La de este equipo sigue siendo su falta de gol, mal endémico desde hace ya varias temporadas en el seno blanquinegro. Ahí sí se destaca claramente del resto siendo el equipo menos realizador de la categoría a la altura del colista Salamero, que no conoce el triunfo.

Frente al Olímpico Torrero se vio muy pronto que lo de lograr la segunda victoria de la temporada iba a ser una empresa muy complicada. El Athletic Rompeolas salió concienciado para entrar con buen pie en el partido y optó por una defensa veterana con Alberto y Kike en las bandas y José Antonio y Javi Ricón como pareja de centrales. Por delante, Rober y Juan recuperaron el mando en el centro del campo, con Sierra por un costado y el reaparecido Joaquín por el otro. Como enganche se situó Dennis, en su primer partido como titular, y arriba repitió una semana más Santi Mur. La escuadra blanquinegra en seguida se percató de que quizá no era el mejor día para lanzarse de cabeza a por el triunfo. Que incluso acercarse al área rival sería todo un reto.

El conjunto visitante dejó como carta de presentación una presencia física imponente, arrojo en las acciones a balón parado y una notable precisión en el manejo de la pelota. Con esos argumentos se adueñó de la posesión y puso cerco a la portería de Pablo. El Rompeolas se defendió como pudo, haciendo frente a un evidente agujero en el centro del campo, por donde se movían a su antojo ora Roberto Caballero, ora David Chamizo y más tarde David Calvera. El fuerte del Rompeolas resistía el asedio rodeado de indios gracias al oficio de los cuatro de atrás y de las primeras manos de Pablo, al principio sutiles, luego más que evidentes.

Había un desajuste evidente entre Juan y Rober, devoradores de kilómetros en todas las direcciones, y Dennis, teórico enlace entre la zona de medios y el ataque y, en la práctica, un centrocampista más cuya incidencia en el juego fue bastante superflua por manejar la pelota muy alejado del área rival. Nadie tiene el don de la ubicuidad, pero a Dennis unas veces se le echaba en falta atrás y casi siempre arriba, donde Santi Mur era un náufrago a la deriva.

 

Firmes frente al cerco

El balón le duraba un suspiro al cuadro local y sólo llegaba al área del desconocido Carlos Barra a base de colgar faltas con envíos directos a su área. Y vuelta a defender. El hecho se hizo cotidiano y los blanquinegros se hicieron funcionarios de correr detrás del rival. Al menos eso les hizo evitar verse sorprendidos. El Olímpico Torrero llegaba con frecuencia al área del Rompe, pero la zaga local no se descomponía y por ello abundaron los lanzamientos desde fuera del área.

Cerca del final del primer tiempo, la situación se volvió agobiante. El Rompeolas era incapaz de salir con el balón y sólo podía resistir en pie a la espera de que el último pase del rival quedase largo, el achique de espacios y la buena colocación surtiesen efecto o que directamente el tiro se marchara fuera.

Dos buenas noticias. La excelente actuación de Pablo bajo los palos y la reaparición de Posadas.

Tras el descanso, la tónica general no varió demasiado. El Rompeolas valoraba en su justa medida, ya sí, el punto que tenía más a su alcance y continuó muy atareado defendiendo. Pero, al mismo tiempo, trató de mantener un poco más el balón. Y en cierta manera lo logró. Pero esa mejoría quedó muy debilitada por la paradoja de que fue entonces cuando más cerca estuvo el gol visitante. El partido se rompió pro el cansancio de ambos equipos y porque el Rompeolas comenzó a salir un poco de su guarida. Posadas aguantó el balón en los puntos críticos y permitió varias transiciones de los locales hacia el ataque. Eso generaba espacios y el repliegue del centro del campo del Rompeolas ya no llegaba a tiempo.

Entonces emergió la figura inconmensurable de Pablo, que dio un recital de intervenciones atajando el esférico por estar bien colocado, despejando seguro tiros que le buscaban debilidades por arriba, estirándose de forma felina hasta su palo derecho para evitar un gol cantado y sacando como pudo un remate a quemarropa de Caballero después de que éste se hubiera colado hasta el área pequeña. Cuando no fue el guardameta, fue algún corte providencial de alguno de sus defensas, alguna ayuda de los centrocampistas arrimando el hombro en defensa, un palo salvador…

Demostrada la resistencia a encajar gol, el Rompeolas consiguió apuntar dos ocasiones en el área de Barra por medio de Posadas. Primero con un tiro desde lejos con el que el 10 del Rompe pretendió sorprender y luego con un lanzamiento al larguero que dejó al Olímpico Torrero con la boca abierta. Anda que si entra.

En los minutos finales, el conjunto local se dejó llevar peligrosamente por una increíble sensación de poder dar la campanada y sumó muchos efectivos en el área rival, lo que permitió varios contraataques claros de su rival. Habría sido un castigo cruel caer tan al final, pero las osadías a veces se pagan muy caras. También por eso el punto sumado supo a gloria.

 

 

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